Lo que se ve en planta cuando el flujo trabaja por gravedad
Cuatro detalles que aparecen una y otra vez en las instalaciones de rodillos, toboganes espirales y rampas de descarga. No son renders: son puntos concretos que conviene revisar antes de fijar un tramo, un radio de espiral o el ángulo de bajada.
La separación entre rodillos se define por el tamaño y el peso del bulto que va a circular. Si la caja es pequeña o el fondo es blando, se acorta el paso; si el pallet es rígido, se abre. Los ejes van montados dentro del perfil de acero y la pendiente se ajusta al arranque: lo justo para que la carga empiece a moverse sola y no se quede parada a mitad del tramo.
En una bajada entre niveles, el radio y la separación entre vueltas marcan la velocidad real de descenso. Un paso corto frena el bulto; un paso amplio lo deja ganar inercia. La chapa de deslizamiento se apoya sobre la estructura helicoidal y el ángulo de entrada se calcula según lo que llega desde el nivel superior. Es la pieza que resuelve la bajada cuando la planta no da para una rampa larga.
Aquí el ángulo manda. Demasiado plano y la caja se detiene; demasiado pronunciado y llega golpeada a recepción. Los laterales contienen la trayectoria y la superficie de deslizamiento se elige según el tipo de bulto: cartón corrugado, bandeja plástica o contenedor rígido. La rampa conduce desde la plataforma elevada hacia la zona de clasificación sin motor ni operario empujando en cada ciclo.
El perfil sostiene el conjunto y define cuánta carga admite cada apoyo antes de que aparezca flecha. Los anclajes al suelo o a la estructura existente se resuelven según la altura de trabajo y el peso que va a circular por encima. Antes de armar el tramo conviene tener claro dónde apoya, qué recibe y qué se mueve por debajo, porque eso condiciona el resto de la configuración.