El orden de trabajo sigue una lógica simple: primero se revisa el tramo y el tipo de bulto que va a circular, después se define la pendiente, se arman los perfiles y los rodillos o la estructura helicoidal, y al final se ancla, se nivela y se suelta una carga real para ver si el flujo avanza solo. Cada paso depende del anterior, así que la instalación no se cierra hasta que el material baja sin atascarse en la chapa de deslizamiento.
Secuencia de montaje en sitio
El orden de trabajo sigue la física de la instalación: primero se entiende qué va a circular, después se define la pendiente, luego se arma la estructura y al final se comprueba el flujo con bultos reales. Cada paso condiciona al siguiente, y ninguno se cierra hasta que el anterior queda firme.
Antes de medir nada, se revisa el tramo disponible y el tipo de carga que va a circular: cajas de cartón, bandejas plásticas o pallets. De ahí salen la base de apoyo, el ancho útil y la separación entre rodillos o el paso entre vueltas del tobogán espiral. Si el bulto cambia de formato a mitad de recorrido, la pendiente se calcula para el caso más exigente.
Con el bulto definido, se fija el ángulo de inclinación según el peso y la superficie de deslizamiento. Un tramo recto de rodillos pide una pendiente distinta a la de una rampa de descarga de acero, y el tobogán espiral necesita además regular el radio y el paso entre vueltas. La pendiente se ajusta para que la carga avance sola, sin quedarse detenida ni ganar velocidad de más.
Los tramos rectos se arman con rodillos montados sobre ejes fijos dentro de perfiles metálicos. En los toboganes espirales se levanta la estructura helicoidal y se fija la chapa de deslizamiento sobre ella. La rampa de descarga se ancla en el borde de la plataforma elevada, con los laterales cerrados para que el bulto no se salga de la trayectoria.
Ya en el almacén, se nivela la estructura y se fijan los perfiles metálicos a los puntos de anclaje previstos. Se verifica el giro de cada rodillo, el alineado de los ejes y el apoyo de la chapa de deslizamiento. Cualquier desnivel se corrige antes de pasar a la prueba: una vez que la carga empieza a circular, ajustar la pendiente es más lento.
La comprobación final se hace con carga real, no con pesos de prueba. Se sueltan bultos del tipo previsto y se observa si el flujo avanza sin electricidad, si se detiene en algún punto y si aparecen atascos en la chapa de deslizamiento o entre rodillos. Si algo no pasa, se corrige la pendiente o el alineado y se repite la prueba hasta que el recorrido queda continuo.
Cada instalación por gravedad avanza en un orden que no conviene saltarse: primero se entiende qué va a circular y por dónde, después se define la pendiente, luego se arma la estructura y al final se comprueba el flujo con bultos reales. Si el orden se invierte, cualquier ajuste obliga a desarmar lo ya anclado.
Antes de fijar el trazado conviene revisar los servicios de fabricación e instalación y las variantes de soluciones por gravedad.
Se recorre el recorrido previsto entre la zona de origen y la de destino, se mide el desnivel disponible y se anota qué tipo de bulto va a circular: cajas de cartón, bandejas, pallets o contenedores. De ahí salen la base de apoyo, el ancho útil y la separación entre ejes. Sin este levantamiento previo, cualquier decisión sobre rodillos o chapa de deslizamiento queda a ciegas.
El ángulo de inclinación se calcula según el peso del bulto y la superficie que va a rozar. Un tramo demasiado plano detiene la carga a medio camino; uno demasiado inclinado la acelera más de lo que conviene en la zona de recepción. Aquí se fija también la altura de entrada y de salida para que el empalme con el siguiente equipo quede alineado.
Cuando el recorrido es horizontal se montan los rodillos sobre sus ejes dentro de los perfiles de acero, respetando la separación definida. Cuando hay que bajar entre niveles, se arma la estructura helicoidal del tobogán espiral y se fija la chapa de deslizamiento sobre las vueltas. En ambos casos, los perfiles metálicos se cortan y se sueldan según el trazado real, no según un plano genérico.
La rampa de descarga se apoya en el borde de la plataforma elevada y se ancla a la estructura existente para que no se desplace con el paso continuo de carga. Los laterales se colocan antes de la prueba, no después: son los que evitan que un bulto se salga de la trayectoria en la parte más inclinada. El punto de entrega se alinea con la mesa o el tramo que recibe.
En sitio se nivela la estructura completa y se fijan los perfiles metálicos a los apoyos definitivos. Se verifica el giro libre de cada rodillo y se corrige cualquier eje que roce o que quede frenado. Esta etapa es la que decide si el movimiento va a ser continuo o si va a exigir empujones cada pocos metros.
La comprobación final se hace con los bultos que realmente van a circular, no con pesos de referencia. Se observa si la carga avanza sola por los rodillos, si desciende sin atascarse en la chapa de deslizamiento y si llega al punto de entrega a una velocidad manejable. Si algo se detiene o se acelera de más, se ajusta la pendiente antes de dar el tramo por terminado.